martes, 4 de octubre de 2011

El Péndulo de la Vida

Si he de decir la verdad, deporte que práctico a diario y además no te causa agujetas, hace algún tiempo que no escribo un artículo... he estado al otro extremo del vaivén del péndulo de la vida.

A veces tenemos altibajos, o mas bien "pendulamos" de un extremo al otro, desde la euforia a la alegría, desde el entusiasmo a la desesperación, desde el estado floreciente y fértil hasta el estado de barbecho mental.

Creo que he estado en barbecho mental, ya sabes eso de dejar crecer la yerba a su antojo y entregar al libre albedrío las riendas de la tierra. He de decir, que ha surtido efecto, a veces para ver la "categoría" de una tierra de cultivo, es preciso dejar que afloren todas las semillas que engendra en su interior y así comprobar que podemos esperar de esa materia prima y que frutos puede generar.

Y así ha sido, han germinado, las buenas y las malas semillas. Una vez al descubierto, he llevado un plan de saneamiento. Enfrentarte cara a cara con tus dudas y con tus incertidumbres tiene un efecto reparador SIEMPRE. Así que una vez depurado, y con la visión y la mente clara (de momento) me enfrento al día a día, con ánimo renovado, la frente despejada y la tierra de mi alma llena de nutrientes para albergar las mejores semillas.

Dejando atrás el símil agrícola, quiero ahondar en la necesidad de enfrentarte a tus miedos, incertidumbres y demás cuestiones aliadas del insomnio.

¿Cuántas cosas arreglaríamos si tomásemos de la mano a la persona correcta y le preguntásemos, abiertamente, lo que le queremos preguntar?

¿Por qué nos limitamos a comernos por dentro y a dar por hecho lo que pensamos, sin preguntar y afrontar la situación?

Déjame darte un consejo, desde la más absoluta certeza de que yo mismo no seguiría mis consejos, no soy quién para darlos y además la vida no me va mucho mejor que a tí, pero desde esta tribuna "blogera y facebukera" es muy fácil dar consejos. Pues bien, ahí va:

* Si algo no te gusta, no te calles, DILO.

No esperes a que la otra persona adivine lo que te incomoda, seguramente no lo va a adivinar. Habla, manifiestate, conversa, comunícate.

Lo pero que puede pasarnos es no comunicarnos, a veces se crean malos entendidos y fabricamos muros que nos separan sin motivos, simplemente por falta de comunicación.



La vida es muy sencilla, y tenemos la puñetera costumbre de complicárnosla a diario.

Saludos.

sábado, 1 de octubre de 2011

Los niños y el hielo

Una vez escuché una corta historia, pero cargada de mensaje, es la siguiente:


En una tarde nublada y fría, dos niños patinaban sobre un lago helado sin preocupación. De repente, el hielo se rompió y uno de los niños cayó al agua.

El otro niño viendo que su amigo se ahogaba debajo del hielo, corrió a coger una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró romperlo y así salvar a su amigo.
Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaron: ¿Cómo lo hizo?
¡El hielo era muy grueso!. Era imposible que lo hubiera podido romper, con esa piedra y sus manos pequeñas!

En ese instante apareció un anciano y dijo: "Yo sé cómo lo hizo"...

”¿Cómo?” - Le preguntaron al anciano y él contestó:

- "No había nadie a su alrededor que le dijera que no se podía hacer".


El mensaje está muy claro:


A veces nos dejamos guiar por personas negativas, que nos minan la moral, quitándonos las ganas de hacer cualquier cosa. Las personas somos sensibles a los refuerzos, ya sean positivos o negativos. Debemos alejarnos de quienes nos desaniman con sus comentarios negativos, fruto de sus propias frustraciones.

domingo, 25 de septiembre de 2011

¿Eres valiente con tus fantasmas?



Ansiaba romperles la nariz a todos ellos. En aquella tabernasevillana de mediados del siglo XIX, el vino caldeaba los ánimos de los jóvenes que discutían sobre cualquier tema hasta pasada la media noche. Pero el llamarle “cobarde”, era algo que lo sacaba de quicio. Decidió encararse con ellos. 

--¡Demostradme que soy cobarde, o pedidme disculpas! 
--Bueno, contestó uno de ellos, demuestra tú que eres valiente. Toma mi puñal con empuñadura de plata, ve al cementerio y clávalo en la tierra de la tumba de tu abuelo. Mañana todos comprobaremos tu hazaña. 



Alonso salió con decisión y aunque la noche era tibia, la sintió fría. Se abrigó con la gruesa capa que su madre había cosido a mano para él. Sintió frío a pesar de ello. Entró en el camposanto y escuchó las doce campanadas de la media noche. Corriendo llegó a la tumba del abuelo.


Siempre le había temido.  Aun estando vivo sentía casi horror en su presencia. Ahora muerto, sentía más que temor, pánico con la sola idea de verle de nuevo. Nerviosamente sacó el puñal. Con gesto rápido, mientras miraba hacia atrás, clavó hasta la empuñadura el arma en el suelo.


Tembloroso, sudando frío, se levantó y se abrigó fuertemente con la capa. Al empezar a caminar no pudo dar ni un paso. Sintió claramente como lo sujetaban con firmeza por la espalda. Horrorizado no se atrevió a mirar hacia atrás. Presentía que el abuelo estaba allí para castigar su osadía.

Cayó de rodillas, tembloroso, implorando clemencia. Su corazón se aceleró incontenible y sintió que se le nublaba la vista. Cuando los amigos llegaron por la mañana lo encontraron muerto, aferrado a la capa que lo cubría y cuyo extremo había quedado atravesado por el puñal clavado en tierra. ¡Esto era lo que lo había sujetado! 

¿Es posible que algo así nos esté ocurriendo a nosotros? En lugar de mirar con valentía nuestros problemas, cerramos los ojos, desbocamos la mente e imaginamos fantasmas que nos 
detienen, y que en realidad pudieran ser cosas que debemos resolver. 

miércoles, 21 de septiembre de 2011

El elefante y la alondra

El elefante y la alondra eran amigos. La alondra le señalaba al elefante los rincones mas sombreados de la selva, y el elefante protegía con su presencia nocturna el nido de la alondra de serpientes voraces y ardillas rapaces.

Un día el elefante le dijo a la alondra que le tenia envidia por poder volar.

¡Cuanto le gustaría remontarse por los aires, ver la tierra desde las alturas, llegar a cualquier sitio en cualquier momento! Pero con su peso... ¡era imposible!





La alondra le dijo que era muy fácil. Se quitó con el pico una pluma de la cola y le dijo:

"Aprieta fuerte esta pluma en la boca, y agita rápidamente las orejas arriba y abajo" 

El elefante hizo lo que la alondra le había dicho. Apretó con fuerza la pluma en la boca para que no se le fuese y comenzó a agitar sus grandes orejas arriba y abajo con toda su energía.

Poco a poco noto que se levantaba, despegaba, se sostenía en el aire y podía ir donde quisiese por los aires con toda facilidad.

Vio la tierra desde las alturas, vio los animales y los hombres, cruzo por lo alto el río profundo que había marcado el limite de su territorio, exploro paisajes desconocidos, y volvió al fin, feliz y contento a aterrizar al sitio donde había dejado a la alondra.

"No sabes cuanto te agradezco esta pluma milagrosa", le dijo.

Y se la guardo cuidadosamente detrás de la oreja para volver a usarla en cuanto quisiera volar otra vez.

La alondra le contesto: "Oh, esa pluma. La verdad es que no vale nada. Se me iba a caer de todos modos, y era inútil"

Pero tenia que darte algo para que creyeras, y se me ocurrió eso. Lo que te hizo volar fue lo bien que agitaste las orejas"



¿Qué hizo la alondra? le entregó al elefante una pluma para que pensase que la pluma tendría el poder de hacerlo volar, ya que el elefante no se veía capaz, aunque realmente si era capaz de volar.


Nuestro mayor enemigo es nuestra falta de confianza en nosotros mismos.